LA BELLEZA DE LA SIERRA DE ANCARES


La reserva natural de la sierra de Ancares comprende una vasta región que – al mismo tiempo – sirve como delimitador natural entre Lugo y León, ya que ambas provincias se funden hermanadas entre la belleza de este territorio salpicado de fascinantes valles, inquietantes leyendas y escarpados montes que cobijan uno de los mayores tesoros (ya casi extinguido) de estas tierras: El Urogallo o “pita do monte”.

Además del urogallo, Ancares sirve de refugio a diversas especies de animales entre las que se encuentran: corzos, jabalies, rebecos, lobos, águilas, oso pardo, etc.

El secular aislamiento de Ancares – debido a las malas comunicaciones y al duro letargo invernal durante los inviernos de la región – sumado a las duras condiciones de vida y a la dificultad del laboreo y pastoreo en esas tierras, han sido el mayor impedimento para la evolución socioeconómica de esta zona. La aldea prerromana de Piornedo es un referente claro al impulso turístico que se ha intentado lograr, mediante la rehabilitación y explotación turística de su antiguas viviendas de origen Celta: las pallozas. Hoy en día Piornedo es el gran núcleo turístico de Ancares, que da cobijo a multitud de excursionistas ávidos de caminatas de montaña o – simplemente – de desconectar del mundanal ruido y escuchar el sonido del silencio en medio de un rincón perdido entre las montañas.

Son muchas las rutas que discurren por las sendas ancareñas, aunque las más habituales – y más utilizadas por los excursionistas – son las que desembocan en los altos que conforman la cadena montañosa de la sierra. Nada más gratificante que tener el mundo a tus pies. Desde lo más alto de cada uno de los miradores naturales pueden divisarse unas vistas increibles, llegando a vislumbrar – en días despejados – desde Ponferrada hasta Lugo. Entre las montañas más elevadas de Ancares, podemos destacar el Miravalles (1969 m) – ya en el límite entre Asturias y León – , el Cuiña (1987 m) – ya en zona leonesa – , el Mostallar (1924 m), Pena Longa (1800 m), Pico Lanza (1876 m), Cuerno Maldito (1848 m), Tres Obispos (1792) y Penarrubia (1821 m).

Plano de situación de las principales cumbre se Ancares

Son múltiples las rutas que pueden organizarse desde diferentes lugares. Según los intereses de cada uno, es posible realizar excursiones que nos permitan ver más de cerca el modo de vida de los habitantes de la zona. Una visita a Piornedo, Suárbol y Balouta nos permitirá recuperar el pasado observando las pallozas, su intresante forma de construcción, su interior y – fundamentalmente – la forma en que se vivía dentro de las mismas.

Pallozas en Balouta

Palloza en Balouta

El pueblo de Suarbol

El valle de Balouta

Caminando hacia el Penarrubia

El monte Penarrubia al fondo

En la cima del Penarrubia

Es interesante comentar algo sobre las curiosas construcciones que podemos encontrarnos a lo largo de toda la sierra: los cortines. Estos recintos de mampostería circulares (de más de 2 metros de altura) albergaban las colmenas de miel (que a su vez se colocaban dentro de unos troncos de árbol huecos, llamados trobos) y su función era impedir que el “goloso” oso pardo alcanzara tan suculento manjar. Actualmente hay algunas construcciones bien conservadas, como una que se me viene a la memoria cerca de Rao, y ya camino hacia la braña de Pan de Zarco.

Un cortín en buen estado de conservación

Braña de Pan de Zarco

CULTURA Y COSTUMBRES

Como en muchas otras culturas, en Ancares se rendía culto al fuego. No era buen presagio dejar apagar el fuego. Es más, constituía un sacrilegio y la desgracia podía perseguir a todos los que residían en esa casa. Por ello, las gentes del lugar se esmeraban en mantener encendido el fuego durante todo el año ya que era considerado como el Dios protector. En determinados días del año se le echaban flores; cuando cocían el pan se le entregaba su ración al fuego purificador y cuando comían alrededor de él procuraban echarle grasa ya que así se conseguía avivar las llamas, lo cuál era síntoma de que el fuego estaba alegre. No se echaba nada sucio al fuego y se tenía especial cuidado en que no cayesen al mismo cáscaras de huevo, ya que con ellas quemaron a San Lorenzo. Así, el fuego debía de conservarse puro y era famosa la frase entre novios – cuando el mozo solicitaba a la moza – : ¡Home, que nos ve o lume!, con lo que se le atribuía una condición de ser superior que no debía ser ofendido.

La casa-torre de Quindos

Campa de Camporredondo con el Mostallar al fondo

Subida hacia el Mostallar con el monte Pena Longa al fondo

La cima del Mostallar

Una vez más la cima del Mostallar

El sol tambien se consideraba como el alma de la naturaleza y la fuente de toda la vida. Cuando alguien estaba tremendamente afectado por una desgracia se erguía hacia el sol naciente y le imploraba su protección con diversas palabras y fórmulas. Tampoco la madre de familia amasaba el pan sin ofrecerle antes de la cocedura una “bola” de pan a la “estrela panadeira” (Venus), poniéndola en la ventana (verdadero altar de ofrendas).

El sol purificaba y fortalece. Por ello, todo lo que se producía en esas tierras de montaña era considerado más fuerte y con mayor poder nutritivo que lo que se producía en las tierras bajas.

Lago helado

Os Penedoes

Ciclista con la bici a cuestas por la cima de Os Penedois

La luna era otro elemento al que se le atribuía una fuerza especial que actuaba sobre todos los seres, con funciones de regulación y control sobre el nacimiento y la reproducción. Al mismo tiempo, la luna regulaba la circulación sanguínea. Incluso la madera debía cortarse al menguar la luna ya que era el momento en el cuál perdía la fuerza y las ramas -consecuentemente – perdían sangre. Tambien el cerdo debía sacrificarse entre los meses de noviembre a dic¡embre, con la luna menguante, porque en enero comienza la luna de año nuevo y la carne ya no se conservaría tan bien al llevar sangre y derramarse.

La niebla cubriendo los valles

La senda que conduce a la base del Tres Obispos

Foto tomada desde la campa del Tres Obispos

En cuanto a los métodos curativos es destacable comentar la creencia de que muchos de los males eran producidos por seres o espíritus maléficos o por meigas. Los niños – por ser más indefensos – eran protegidos desde su nacimiento con escapularios y cédulas benditas. Tambien se usaba la famosa “Cruz de Caravaca” como método de protección de la casa o con dos palmas benditas el Domingo de Ramos.

Cada mal tenía su remedio. Para evitar las lombrices en los niños se usaba un amuleto de la raíz del lirio, que se les colgaba del pescuezo.

Para la tos ferina se llevaba al paciente a un molino para que aspirasen el polvo de la harina o tambien servía llevarlo a un lugar alto o cerca de un río para que respirasen aire puro.

En Pereda de ancares, al amanecer del 24 de junio (día de San Juan), había que beber agua de 9 fuentes antes de la salida del sol, para prevenir los males de la garganta durante todo el año.

En la noche de San Juan, se recogía la flor del laurel y se dejaba en agua hasta el amanecer; al día siguiente se lavaban los ojos y la cara con esta agua para evitar cualquier daño en ellos. Esa misma noche tambien se recogía la flor del sauco y se dejaba colgada de las paredes de la casa; se descolgaba a la mañana siguiente, antes de la salida del sol, lo cuál permitía espantar las meigas o curar los catarros, cocida o fumada. Para el mal de ojo se recogían – tambien esa misma noche – las llamadas “herbas do aire”, antes de que las tocase el sol.

Fascinante vista -desde la subida al Tres Obispos - de los valles ancareños

Cima del monte Tres Obispos

Os penedoes

Ruta hacie el Tres Obispos

Las leyendas de estas tierras nos dan algunas pistas de donde podríamos encontrar alguno de los valiosos tesoros escondidos y nunca hallados. En el pico Miravalles se dice que hay unas cuevas en las que hay cadenas de hierro y oro. Quizás los romanos empleasen este lugar para custodiar a los prisioneros astures que trabajaban en la extracción del oro.

En Villasumil, cerca de la iglesia, se observan los restos de la fortaleza que la gente de la zona llama castelo romano. Se comenta que allí se encontró un buey de oro macizo. Dentro del mismo Villasumil, se cuenta que en uno de los caminos había un agujero en donde se enterraban las ruedas de los carros. Parece ser que al irlo a reparar, uno de los vecinos se encontró con un cristo de oro macizo en su interior.

En Aire de Reibón (Pereda) se cuenta que hay unas rocas, que están huecas y que en su interior se escuchan ruídos y voces. Dichas voces procederían de “mouros” que habitan en pasadizos subterráneos.

En Pereda se cuenta otra leyenda de una mora que le entregó a una pastora unos trozos de roca semejantes al carbón, diciéndole que no los mirase hasta llegar a casa. Al parecer la pastora no consiguió resistirse a la tentación y los miró y, al ver que eran carbones, los tiró casi todos. Al llegar a casa, los carbones que le habían quedado en el mandil resultaron ser monedas de oro. La mujer quiso volver al lugar donde había tirado el resto, pero ya no encontró nada.

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